Punto límite (1964)

La Guerra Fría marcó casi cuatro décadas de nuestra historia reciente, determinando fobias y debates en todo el mundo.¿Qué pasaría si alguien apretase el botón nuclear por accidente? ¿Se enzarzarían los países en un ataque suicida mutuo? ¿Qué estarían dispuestos a hacer para evitar la confrontación? ¿Destruir una de sus propias ciudades?

El miedo al “holocausto nuclear” fue uno de los más fuertes a lo largo de esos casi 50 años, algo a lo que le hemos perdido el respeto desde la caída de la Unión Soviética, pero que sigue estando ahí. El arsenal nuclear de Estados Unidos sigue en su sitio y el del otro bando ha quedado bajo control mayoritario de la Federación Rusa, pero también al alcance de un montón de repúblicas independentistas. Lo peor es que países como Pakistán o India fueron ganando acceso a sus propios misiles. ¿Cuál es la diferencia? Que durante la Guerra Fría la decisión de usar esas armas estaba en manos de dos o tres gobiernos muy controlados.

Pero incluso aquella situación planteaba preguntas. ¿Son más fanáticos los actuales Israel o Pakistán de lo que podían serlo las facciones en la Casa Blanca o en el Kremlin en los 60? Esta película, basada en una novela de Eugene Burdick, plantea un fallo en el sistema de comunicaciones entre al Comando Estratégico de EEUU y los bombarderos que siempre estaban en el aire, que hace creer a éstos que tienen que dirigirse a Moscú y destruir la ciudad, lo que hacen sin dudarlo.

Lo que empieza como un fallo electrónico sin importancia, va cogiendo inercia para convertirse en una tragedia internacional. El Mando Aéreo trata de ponerse en contacto con los aviones, pero el sistema de defensa soviético incluye un conjunto de contra-medidas electrónicas que interrumpe las comunicaciones de este tipo. Lo que podría ser su salvación, permitir esa comunicación, se convierte en la condena de Moscú. Ante la imparable realidad de que la capital soviética va a ser destruida, lo que llega a oírse en directo a través del relato del embajador, hay que desarrollar un plan que evite la aniquilación del planeta. La solución que plantea el presidente americano es ciertamente terrible: sacrificar deliberadamente la ciudad de Nueva York. ¿Exigirán los rusos el cumplimiento de la oferta? ¿Aceptarán los militares la orden de destruir una ciudad americana?

Toda la película se desarrolla en dos o tres localizaciones, entre un par de búnkeres y las salas de control del mando aéreo, casi sin música de fondo y rodada en un estilo documental y frío que le añade mayores dosis de realismo. La película es casi una obra de teatro, ya que ni los bombarderos, ni los misiles o la destrucción de las ciudades constituyen el fondo de la historia, sino las reacciones de los personajes a la situación. El presidente, interpretado por Henry Fonda, mantiene un semblante de firmeza, gravedad e incluso una cierta tristeza a lo largo de todo el desarrollo. Un jovencísimo Larry Hagman da vida al intérprete que le ayuda en sus llamadas al Premier ruso y los comentarios, miradas y gestos entre ambos constituyen una espléndida interpretación.

Pero si Fonda está genial, el que se sale es Walter Matthau, a quien hemos encasillado desde siempre como un actor cómico y que, como le ocurre a otros cómicos como Jim Carrey, dan lo mejor de sí en esa faceta poco explotada en sus carreras que es el drama. Su personaje es lo que en Estados Unidos denominan un “halcón”, un miembro de la derecha conservadora convencido de que la mejor solución a los problemas es atacar primero y preguntar después.

La película se rodó un año después de Dr. Strangelove, de Kubrik, y se estrenó poco después, lo que supuso un gran perjuicio a su distribución. La historia es casi la misma; de hecho, el autor de la novela Red Alert demandó a Burdick por plagio, lo que resolvieron finalmente en un acuerdo extrajudicial. Lo que pasa es que después de haber visto a George C. Scott y a Peter Sellers representando los papeles de general y científico loco, la aproximación al problema de Lumet, aunque más realista y dramática, resultó menos atractiva para el público.

El paso del tiempo en este caso ha sido justa con ambas películas, ya que las dos han envejecido muy decentemente, conservando la una su valor como tragicomedia y la otra como drama político. A finales de los 90 se emitió una adaptación de la obra en directo, interpretada en esa ocasión por George Clooney y Richard Dreyfuss entre otros.

Para saber más…

Trailer

Punto límite (1964)

$3.99
7.1

Premisa

8.0/10

Guión

8.0/10

Interpretación

8.5/10

Producción

6.5/10

Música y sonido

4.5/10

Pros

  • Una historia para pensar.
  • Buenas interpretaciones.
  • Consigue crear un clima dramático realista.

Cons

  • Demasiado cercana a Dr. Strangelove.