Centauros del desierto (1956)

Citada a menudo como una de las obras maestras del cine americano, incluida en todas las listas de las 50 o 100 mejores películas de la historia, Centauros del desierto es uno de esos títulos que, a fuerza de decirte todo el mundo que es imprescindible y buenísima, te cuesta entender dónde está el mérito la primera vez que la ves. Esta es la sensación que yo tuve, aunque con el tiempo he terminado apreciando que es una gran película. Te explico por qué.

Hasta los defensores más acérrimos reconocen que es larga. Con 119 minutos las hay más largas, Lo que el viento se llevó la dobla en duración y Ben Hur, hecha sólo tres años después, está en las tres horas y media. Pero digamos que supera la media y además es que se hace larga. Es como un montón de aventuras interrumpidas y fallidas. Para entendernos, te explico la premisa.

Una familia de pioneros se establece, más o menos después de la Guerra de Secesión americana, en las llanuras de Texas, en una época en la que todavía están disputando el control de esas tierras a las tribus indias que originalmente ocupaban las tierras. Estas, incapaces de luchar contra un moderno ejército organizado, efectúan ataques dispersos aquí y allá, que suelen terminar con la muerte de todos los colonos. Y una esa esas familias es la del protagonista, Ethan Edwards, que se encuentra con una masacre y su sobrina secuestrada por los indios. A partir de este momento, él y otro sobrino inician una búsqueda que durará años para encontrar y rescatarla.

Cada una de las expediciones, cada una de las ausencias y viajes que hace la pareja para encontrar a la chica termina con ambos regresando melancólicamente al hogar, admitiendo que no han avanzado mucho. Edwards maldice a unos indios a los que odia con toda su alma y llega a afirmar que, si la encuentra, es casi preferible pegarle un tiro a traerla de vuelta ya que, pasado tanto tiempo, se habrá convertido en india y «esa no es vida».

Y aquí es donde está la grandeza de la película. En una época en la que el cine estaba dominado por el código Hays de autocensura, en donde todo tenía que ser negro o blanco, John Ford desarrolla una historia en la que nuestro héroe es una racista convencido que no duda en disparar a los indios en retirada, arrancarle la cabellera a un enemigo caído o plantearse sacrificar a una sobrina que ha sido mancillada por «esa gente», pero lo hace al mismo tiempo que nos hace ver las razones de las dos partes: de los indios buscando alguna forma de revancha al exterminio que sufren y de los blancos tomando represalias por la muerte de sus familiares.

La narrativa visual es excelente, el montaje es excelente, las actuaciones son… bueno, lo que permitía la cultura interpretativa de la época, pero muy decentes. Los exteriores en Monument Valley son maravillosos y el guión, que desgrana las relaciones y vidas de estas personas, nos permite apreciar una visión del duro día a día que tenía que ser «la frontera», en donde junto a la supervivencia del más fuerte se resolvían pequeñas rencillas de amigos y prometidos.

En definitiva, sí, una película que no encaja en la narrativa «normal» que podemos esperar de un western de los 50, pero que merece mucho la pena de ver con la adecuada tranquilidad y predisposición cualquier tarde que te animes a sentarte en el sofá un par de horas. Por cierto, que la historia está basada en un hecho verídico y Wayne decía que era su interpretación favorita.

Trailer:

Centauros del desierto (1956)

A partir de $2.99
7.5

Premisa

7.0/10

Guión

9.0/10

Interpretación

7.5/10

Producción

8.0/10

Música y sonido

6.0/10

Pros

  • Un protagonista "antihéroe" por excelencia
  • La cuidada producción y realización
  • Los exteriores en Monument Valley

Cons

  • Los indios "de pega", como Natalie Wood
  • Un poco lenta a veces
  • Se hace larga